Si su bebé no duerme la siesta – Primera parte

Una de las funciones del sueño en el niño es la maduración del cerebro: durante el sueño se producen hormonas esenciales para el crecimiento y se consolida la información aprendida durante el día.

El recién nacido pasa la mayor parte de su tiempo durmiendo, sin embargo, a medida que crece, alterna periódicamente períodos de sueño y vigilia. A tres meses, hay un momento del día (generalmente al final de la tarde) cuando permanece despierto por más tiempo. A doce meses, toma dos siestas al día, una por la mañana y otra por la tarde, y duerme toda la noche.

Aunque los horarios de sueño cuando el bebé tiene dos o tres años, se asemejan cada vez más a las del adulto, el pequeño seguirá necesitando una siesta en cualquier momento del día, para recuperar la enorme cantidad de energía que utiliza para crecer y jugar.

La duración de la siesta dependerá estrictamente de las necesidades personales, mientras que los horarios cambiarán. No es aconsejable imponer horarios rígidos y fijos, es mejor dejarlo descansar si lo necesita. Si el niño es bastante habitual en las horas de sueño, es recomendable adaptarse a sus necesidades.

Dónde y cómo debe dormir el bebé
Es una buena regla general, una vez que haya decidido dónde dormir, mantenerlo igual durante el día y la noche (por ejemplo, no dejarlo dormir en la silla de ruedas durante el día y en la cama por la noche).
También es aconsejable que el niño en los primeros meses se duerma de costado o boca arriba, evitando la posición boca abajo, salvo que existan indicaciones específicas; entre el cuarto y el séptimo mes, el bebé tendrá la capacidad de moverse y girar y elegirá la mejor posición para dormir.