Reflujo gastroesofágico: cómo se manifiesta y cómo se trata

Controle su peso, deje (o mejor aún, no comience) los cigarrillos, haga al menos 30 minutos diarios de actividad física intensa, reduzca el consumo de café, té y bebidas gaseosas y tenga cuidado de no “sobrecargar su estómago”. Estos serían suficientes cinco reglas, para las mujeres, para limitar la acidez y la acidez que se elevan desde el estómago hasta la garganta, síntomas clásicos del reflujo gastroesofágico.

Recomendarlo es una investigación de la Universidad de Harvard, publicada en Medicina Interna Jama, que examinó los datos de una población femenina, la del Nurses Study. Gracias a estas sencillas medidas, de hecho, los fármacos que se toman para controlar el problema podrían ser limitados. Pero, cmo reflujo gastroesofágico? ¿Y cómo puedes afrontarlo?

Porque la mujer corre riesgo

Los síntomas del reflujo son bastante típicos, pero en algunos casos pueden ser engañosos. Generalmente la sensación más molesta es el “rubor” de ácido que sube hacia arriba, en el centro del pecho, y deja el clásico sabor de boca, con producción de grandes cantidades de saliva. Los expertos lo llaman “acidez de estómago”.

Pero en ocasiones incluso toses continuas, inexplicables, o incluso un dolor en los oídos que no se puede justificar pueden formar parte de la procesión de trastornos que acompaña a esta situación, muchas veces ligadas a las dificultades de la válvula que separa el estómago y el esófago y deben evitar el ascenso del ‘ácido.

Para las mujeres, el embarazo representa un momento de especial atención en este sentido. Pero, de manera más general, aquellos que tienden a comer comidas particularmente abundantes y ricas en grasas, aquellos que tienen que tomar medicamentos durante mucho tiempo para controlar el dolor y la inflamación, como los antiinflamatorios no esteroides, los que tienen sobrepeso están en riesgo.

Varios factores pueden contribuir a que la aparición de malestar sea más probable, desde la presencia de una hernia hiatal que hace que una parte del estómago se eleve por encima del diafragma hasta determinadas condiciones hormonales.

Cuando el trastorno es solo ocasional, por supuesto, no se necesita mucho para tratarlo. Pero si la situación persiste con el tiempo, es mejor hablar con su médico y quizás someterse a pruebas específicas, como gastroscopia, que permite visualizar las posibles lesiones de la mucosa del esófago y estómago, y sobre todo la Ph-metría, que debe continuarse durante 24 horas y mide la acidez presente en el esófago tanto de día como de noche. En algunos casos también se proporciona “manometría”, una prueba que revela la presencia de alteraciones funcionales del esófago midiendo la presión en su interior.

Como comportarse

El estilo de vida es esencial para quienes padecen reflujo gastroesofágico. Además de los consejos que surgen de la investigación de la Universidad de Harvard, debes evitar usar ropa excesivamente “envase”En la parte baja del abdomen, no usar cinturones ni mallas que puedan aumentar la presión de abajo hacia arriba.

Por lo demás, en la mesa, es importante no llegar a “sobredosis” reales de comida en una sola comida, sino dividir las citas de comida proponiendo cinco comidas ligeras preparándose para los niños. Además de desaconsejar la ingesta de alimentos especialmente grasos y evitar cocinar como las patatas fritas, también hay que prestar atención a algunos alimentos que pueden facilitar la aparición del reflujo. En este sentido, conviene evitar o al menos limitar los tomates y los cítricos, así como el clásico cuadrado de chocolate.

En el frente de las bebidas, mejor reducir el consumo de alcohol y bebidas gaseosas. Luego, cuando la situación se vuelve insoportable y los medicamentos no logran controlar el síntoma, el médico también puede recomendar una cirugía. La indicación del bisturí debe hacerse caso por caso pero la operación puede ser necesaria especialmente en el caso de hernia de hiato o inflamación severa de la mucosa del esófago. La operación, muy a menudo, se realiza casi exclusivamente con laparoscopia, sin el clásico “corte” sino simplemente insertando sondas que son guiadas por el cirujano.