Los caprichos de los niños

A menudo hablamos de berrinches y lo hacemos en su mayoría de manera inadecuada, convencidos de que los niños deben necesariamente comprender y adaptarse a las necesidades de los padres y no al revés. El capricho, de hecho, es una herramienta de comunicación a través de la cual los más pequeños intentan transmitir a los que les rodean un mensaje diferente, más profundo y más problemático y está vinculado a las etapas de crecimiento por las que pasan los niños durante su infancia..
Comprender lo que está sucediendo es, por tanto, el primer paso a dar.

Su capricho a cada edad

Durante su crecimiento, los niños pasan por fases, momentos particulares en los que toman conciencia de sí mismos y del mundo que les rodea según mecanismos muy específicos. Cada una de estas fases se caracteriza por situaciones de comportamiento específicas que hay que tener en cuenta cuando, en parte injustamente, hablamos de “caprichos”.

0 a 3 años: hablar de “vicios y caprichos” en el primer año de vida de un niño es impensable. Los bebés que son tan pequeños, de hecho, no “ponen los pies en alto”, sino que hacen solicitudes legítimas de atención a sus padres, especialmente a la madre. El contacto físico es, en este momento, fundamental para establecer una relación y el pequeño necesita ganar confianza y seguridad en sí mismo y en los demás. En este sentido hay que entender el llanto y los gritos (el bebé llora porque tiene hambre, porque tiene el pañal sucio, porque le duele la barriga, porque tiene miedo …) y escúchalos. Además, el niño está pasando por lo que en psicoanálisis se llama fase oral y que durará, más o menos, hasta 3 años. Los “caprichos” pueden en este momento centrarse en la comida y el acto de comer (aunque, como siempre, no es una ley) y en ocasiones tomar la forma de ataques agresivos o de chantaje a la figura materna. Alrededor de los 2 años, de hecho, el niño intenta por todos los medios mantener a la madre atada a él y sus caprichos no son más que intentos de afirmarse.

Entre 2 años y medio y 3 años y medio: pasar la fase oral coincide con la conciencia del propio cuerpo (no solo de la boca). Entramos en lo que se llama la fase anal durante la cual el niño intenta afirmar su autonomía. Es el período llamado “opositor”, aquel en el que el pequeño siempre dice “no” poniendo en juego toda la agresión de la que es capaz. El diálogo es de poca utilidad en este momento. Ante una actitud agresiva, es necesario responder con una actitud igualmente agresiva para valorar al niño y demostrar su amor.

Después de 3 años y medio: entre los 3 años y medio y los cinco años entramos en la llamada fase edípica, caracterizada por la manifestación de los primeros conflictos con el progenitor del mismo sexo al que se le desafía a comprender quién es más fuerte; el niño también intenta controlar a la pareja paterna. Debemos “acompañarlo”, por tanto, a superar este momento enseñándole a aceptar la derrota que viene de la exclusión.

LOS ERRORES MÁS COMUNES DE MAMÁ Y PAPÁ

Pensar que los caprichos son siempre acaba en sí mismos interviniendo sobre las consecuencias y no sobre las causas. Anteponga sus propias necesidades y expectativas a las de los niños. Déjate guiar por tus propios sentimientos de culpa y no por el bien real de los más pequeños. No comprender las diferentes etapas de crecimiento por las que atraviesan los niños buscando una fórmula de comportamiento que sea siempre y sin distinciones. No entender que los niños pacíficos no son caprichosos y que si las rabietas son muchas y repetitivas es señal de que algo anda mal.